Si el destino elegido fuera Alemania, Austria, Hungría, Polonia o la República Checa, nuestro colega debería saber que a los alumnos tendrá que hablarles de ‘usted’, un tratamiento que también él recibirá por parte de ellos. Eso sí, apostamos a que quedará sorprendido cuando, al entrar en el aula, los estudiantes se levanten y le saluden, práctica común en muchos de los colegios centroeuropeos, al igual que lo es que los discentes sólo intervengan en clase previo permiso del profesor. Pero no nos llevemos a engaño. En estos estados también las conductas violentas se han tornado en amenaza para el sistema educativo, como lo ponen de manifiesto los episodios registrados en los últimos años y que, incluso, se han cobrado vidas humanas. Hablamos de las tragedias vividas en institutos de Erfurt en 2002, Emsden en 2006 y Stuttgart en 2009.
En el caso de que le tocara una escuela británica, gozará de la tranquilidad que le proporcionará el hecho de que un ataque a un maestro, como trabajador del sector público, está tipificado como una ‘agresión grave’, según el ABC. Esto, sin embargo, no impide que unos 250 docentes sufran cada año actos violentos en el ejercicio de su profesión. Como en España, podrá encontrarse con padres y madres que llegan al centro de malas formas, pero al menos sabrá que, en esta ocasión, dichos comportamientos pueden ser sancionados con multas de cerca de 600 euros. El progenitor tiene derecho a “entrar en el centro para determinados propósitos, pero si emplea malos modales pasa a ser considerado intruso”, señala el rotativo.
Una estancia seguramente más tranquila tendrá nuestro colega si lo destinamos a Italia. Sus alumnos se levantarán cuando éste entre en clase, mientras que el ‘descontrol’ de los estudiantes será un fenómeno aislado. No obstante, habrá de hacer frente a otro lastre: el ‘bullying’. Y es que las agresiones entre menores es en este país más frecuente de lo que se piensa. En muchas ocasiones son los chicos y chicas inmigrantes los que sufren tales vejaciones, como le sucedió -relata ABC- a un joven de Kosovo forzado a cambiar de colegio por los continuos ataques por su nacionalidad.
Si al hipotético profesor lo enviamos a Francia, deberá tener presente que tanto en las inmediaciones como dentro de las propias escuelas podrá toparse con parejas o patrullas de policías, agentes que tienen como función mantener la tranquilidad y el orden en los centros escolares de una nación en la que los menores pueden cumplir penas de cárcel por agredir a un profesional de la enseñanza. Pese a la severidad de la ley, los ataques a maestros (por parte, sobre todo, de adolescentes) siguen siendo una constante, lo que trae de cabeza a la administración pública.
Tras este periplo, probablemente nuestro docente esté deseando aterrizar en Finlandia, paradigma de excelencia y de calidad educativa. En éste, como en otros países nórdicos (en los que ser profesor es comparable a ser arquitecto, médico o ingeniero), tendrá la potestad de confiscar aquellos objetos cuyo uso esté prohibido en clase, tales como teléfonos móviles o gorras, o de echar una reprimenda al pupilo que ose a masticar chicle, comer caramelos, gritar o insultar. En los colegios escandinavos, donde se ha recuperado la asignatura ‘Buenos Modales’, el mal comportamiento en el aula o los novillos reduce la calificación del estudiante, conductas de las que son puntualmente informados sus padres a través del envío de mensajes de móviles.